Pensar
la filosofía como modo de hacer filosofía. Reseña de « Filosofía.
Secciones 86-93 del Big Typescript » de Wittgenstein
Sebastián Salgado González
« Los hombres que no tienen necesidad
alguna de claridad en su argumentación están perdidos para la filosofía »
Wittgenstein,
Ludwig: Filosofía, secc. 89
¿Cómo se hace filosofía?
Sin duda de muchas maneras. Se puede ser filósofo haciendo de detective, a golpe de martillo, cultivando el aforismo,
o bien de ingeniero, construyendo sistemas. No habrá, casi seguro, una forma
ideal, ni siquiera privilegiada. Desde luego sería bueno vincular todas entre
sí. Y, para ello, conviene tener muy en cuenta su denominador común: a la hora
de pensar el mundo, el filósofo se caracteriza por organizar de un determinado
modo las respuestas o soluciones y, especialmente, por cómo efectúa las
preguntas. Filósofo es el que piensa a toda costa. Desea, sobre todas las demás
cosas, pensar. Pero, qué pensar y cómo pensar, es decir, pensar qué cosa y bajo
qué método o manera. La primera cuestión sólo tiene una respuesta: hay que
pensarlo todo. A la segunda cuestión adviene también un único proceder pero,
esta vez, disfrazado con atavíos diferentes: pensar autónomamente, pero disfrazado de sofista, de comadrona, de
físico, de artista, de político (en el sentido de quien se siente comprometido
con la “res publica”), de taciturno
espía o de diseñador de sistemas.
¿Cuál de esas formas
prefería Wittgenstein (Viena 1889 – Cambridge 1951)?
http://www.ideasapiens.com/autores/Wittgenstein/
Su quehacer
filosófico no apuesta demasiado por la que podríamos denominar filosofía
sistemática, sin embargo el escrito que presentamos a continuación, “Filosofía.
Secciones 86-93 del Big Typescript” (ediciones KRK, Oviedo, 2007, traducción de Ángel García Rodríguez,
Introducción de Luis M. Valdés Villanueva), contiene una marcada
voluntad sistematizadora con la que se adentra en el tratamiento del problema
de definición del concepto de filosofía.
Wittgenstein redactó este texto en el período de
“El objetivo de la filosofía es la clarificación
lógica de los pensamientos. La filosofía no es una doctrina, sino una
actividad. Una obra filosófica consta esencialmente de aclaraciones.
El resultado de la filosofía no son proposiciones filosóficas, sino el
que las proposiciones lleguen a clarificarse. La filosofía debe clarificar y
delimitar nítidamente los pensamientos, que de otro modo son, por así decirlo,
turbios y borrosos.” (Tractatus logico-philosophicus, 4.112).
“Filosofar es rechazar falsos argumentos” (Filosofía,
secc. 87).
“Los hombres que no tienen necesidad de claridad en
sus argumentaciones, están perdidos para la filosofía” (Filosofía. secc. 89).
Y, finalmente, “La filosofía desata los nudos de
nuestro pensar; por ello sus resultados tienen que ser simples, pero su
actividad es tan complicada como los nudos que desata” (Filosofía, sección 90).
Así pues,
« Filosofía » puede leerse en este punto como una continuación del
« Tractatus », ya que Wittgenstein insiste en que la tarea de la
filosofía es la de alcanzar la transparencia de los argumentos, evitar las
trampas del lenguaje; en definitiva, la clarificación del uso del lenguaje.
Pero esta
continuidad es, en realidad, un nudo kantiano que une ambas obras
(« Filosofía » con el « Tractatus »), porque la formulación
Wittgensteiniana de la filosofía como actividad dirigida a la clarificación de
las proposiciones nace de la raigambre kantiana que nombra a la filosofía
actividad crítica trascendental y que fiel a ese compromiso con el
« conocimiento trascendental » más que hablar sobre el mundo trata de
nuestro conocimiento acerca del mundo. Tal y como quería el propio Kant: la
filosofía, conocimiento trascendental por excelencia, no trata de objetos sino
del modo posible a priori de conocimiento de los mismos:
“Llamo trascendental
todo conocimiento que se ocupa no tanto de objetos, cuanto de nuestro
modo de conocimiento de objetos en general, en cuanto que tal modo debe ser
posible a priori”. (Crítica de la razón pura, A12)
Pero,
« Filosofía » no puede leerse sólo en relación con el
« Tractatus », tomando a éste como su trasfondo, sino, al mismo
tiempo, en relación con las « Investigaciones Filosóficas » (obra publicada en 1953, dos años después de la
muerte de Wittgenstein, y que es el emblema del llamado “segundo Wittgenstein”), porque muchos de los mensajes
de « Filosofía » estarán presentes de manera literal en
« Investigaciones Filosóficas ».
¿Estamos, pues, ante una obra puente? Estamos, sobre todo, en un claro de
bosque en el que se encuentra asentado el concepto mismo de filosofía, que
Wittgenstein mantendrá vigente tanto en su primera etapa, la del
« Tractatus », como en su segunda etapa, la de « Investigaciones
Filosóficas ».
a) El
compromiso epistemológico de no cejar nunca en
la tarea de clarificación: ya se sabe, desde el
« Tractatus... » que la filosofía es la encargada de esta función de
clarificación, pues « el objetivo de la filosofía es la clarificación
lógica de los pensamientos » y, por eso, « una obra filosófica consta
esencialmente de elucidaciones ».
b) El
compromiso ontológico de resolver qué hacer con el « absurdo », que
se planta delante de nuestras narices al intentar hablar esencialmente
del mundo o de las características esenciales del mundo: pensar la
filosofía es algo necesario si de lo que se trata es de resolver este dilema:
si el lenguaje es el que habla del mundo, ¿quién habla del lenguaje?; o, dicho
de otra manera, si el lenguaje representa (lógicamente) los hechos, ¿quién
puede representar la representación, quién habla entonces con garantías del
modo de representación? Lo decible expresa su verdad en el decir -« la
proposición es una figura de la realidad » (Tractatus..., 4.021) y, así,
« la proposición muestra cómo se comportan las cosas si es
verdadera »(Tractatus..., 4.022), por lo que « la proposición nos
comunica un estado de cosas » (Tractatus..., 4.03)- y lo in-decible lo
hace en el mostrar, porque a pesar de que « la proposición muestra la
forma lógica de la realidad » (Tractatus..., 4.121), ostentándola,
no puede, sin embargo, representar la forma lógica, ya que el lenguaje no puede representar lo que en él se refleja.
“Un problema filosófico tiene siempre esta forma: «
simplemente, estoy desorientado ». (Filosofía, secc. 89).
“Un problema filosófico tiene la forma: no sé salir
del atolladero” (Investigaciones Filosóficas, I, 123).
Precisamente
a mostrar, en el sentido de encauzar, esta tragedia queda dedicada la actividad
filosófica y así lo reconoce Wittgenstein en « Filosofía » (secc. 90)
cuando dice: « puesto que todo es patente, no hay tampoco nada que
explicar »; y « la filosofía pura y simplemente nos lo pone todo delante
y ni explica ni concluye nada ».
Pero,
presentar de esta manera la filosofía no es en Wittgenstein una batalla contra
el absurdo sino su patentización. Por eso, quizá, no están tan lejos entre sí
los proyectos de Wittgenstein, por un lado, y los de camus y sartre, por otro,
y que son todos agrupables bajo el manto de la sentencia del tenazmente genial
Shakespeare: “la vida es un cuento narrado por un iditoa lleno de ruido y de
furia” (Macbeth).
Siguiendo
con nuestra propuesta de leer “Filosofía” sobre el trasfondo que para ella es
el “Tractatus”, debemos hacer hincapié en que si en “Tractatus” Wittgenstein
intenta: a) mostrar de qué manera el lenguaje está vinculado con el mundo
(isomorfismo entre la estructura lógica del lenguaje y la estructura de la realidad);
y b) poner de manifiesto la tarea terapéutica de la filosofía (clarificación
lógica de las proposiciones). Por su parte, en “Filosofía”, Wittgenstein
prosigue con esa empresa de elucidación pero en esta ocasión sin acudir a
teoría alguna -recordemos que en “Tractatus” Wittgenstein adopta el isomorfismo
como premisa que hace las veces de teoría previa o presupuesta-, bien porque
“no encontramos en absoluto problemas filosóficos en la vida práctica (como
encontramos, por ejemplo, los de la ciencia natural)” (Filosofía, sección 91),
o bien porque “el lenguaje no puede expresar lo que pertenece a la esencia del
mundo” (Filosofía, sección 91) y, por eso mismo, el filósofo se encuentra
siempre desorientado. Y, no obstante, ante la impaciencia y la desorientación,
la tarea vuelve a ser la misma: “curar-se”, “tranquilizar-se”. De ahí que “el
trabajo en filosofía sea justamente -como muchas veces el trabajo en
arquitectura- más el trabajo sobre uno mismo. Sobre la propia concepción. Sobre
cómo uno ve las cosas. (Y lo que se reclama de ellas)” (Filosofía, sección 86).
Y para ello es preciso “tomar conciencia del desorden de nuestros conceptos y
el hacerlo desaparecer ordenándolos” (Filosofía, sección 89). Así pues, en
último término, “filosofar es: rechazar falsos argumentos” (Filosofía, sección
87).
Así las
cosas, si filosofar es rechazar falsos argumentos, y esto significa calibrar el
pensar por medio de la clarificación de las proposiciones y, de ese modo, poder
delimitar nuestro pensar y, por ende, nuestro decir-conocer del mundo; si, como
dice Wittgenstein : “de lo que no se puede hablar hay que callar” (Tractatus,
7), ¿cómo estar seguros de que este roce con lo in-decible no es el momento
oportuno para fabricar un ídolo y, de esa manera, traicionar a la filosofía,
cuyo quehacer reside precisamente en la destrucción de ídolos (Filosofía,
sección 88)? La única posibilidad de certeza, la única esperanza, pasa por no
dejar de pensar la filosofía, lo que significa no dejar de hacer filosofía. Y a
ello la obra aquí reseñada dedica todo su empeño.
[1] Un
viaje por el contexto filosófico, cultural y social que abriga a la
filosofía de Wittgenstein y que él mismo ayudó a generar se puede hallar en:
“KK. La
Viena de Wittgenstein” http://ieslaflota.es/plumier/PNTIC2000/Materiales/KK%20La%20Viena%20de%20Wittgenstein/viena30/intro.htm
[2] Se puede encontrar una publicación digital en la Revista de Filosofía
de la Universidad Complutense de Madrid
http://revistas.ucm.es/portal/modulos.php?name=Revistas2_Autor&id=RESF#AW
noviembre de 2009
2ª época, nº 1
ISSN 1989-7774
ISSN en papel 1696-0734
Depósito legal ZA-53-2003
Edita:
Asociación Cultural "Duererías".
E-mail: duererias@hotmail.com